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SERIE DE ESPACIOS DE TRABAJO CREATIVO

En tu ofi o en la mía: Masquespacio

Queremos saber qué tienen, qué requieren, los espacios valencianos que son forja de la creatividad. Hoy, la guarida al mundo de una colombiana y un belga desde Roger de Lauria

9/05/2018 - 
Lugar: Oficinas de Masquespacio
Dirección: Roger de Lauria 11, Valencia
Metros cuadrados: 120
Año de inauguración: 2013
Diseñador del espacio: Masquespacio
Trabajadores: 5

VALÈNCIA. 

El vicio de querer descomponer las forjas creativas de la ciutat, sigue. La visita, a los diseñadores de interiores de Masquespacio, promete nuevas ideas sobre qué debe tener un lugar para acoger verazmente la creatividad.

Ana Milena, de Colombia, y Cristophe Penasse, de Bélgica, son al frente de este estudio uno de los dúos revelación creando escenarios para tiendas, restaurantes o espacios de trabajo que rompen con cualquier atisbo de previsibilidad y son un desparrame imaginativo, un lienzo con gotas cítricas, aroma surreal y una gran carga de color. Premios como el German Design Award, el Wallpaper Design Award o el Modern Decoration Int. Media Award China, solo en 2017, atestiguan un recorrido casi recién iniciado.

Foto: EVA MÁÑEZ

Por supuesto pasan desapercibidos en el fluir rutinario de la céntrica calle Roger de Lauria de València, resguardados en el primer piso de un edificio de entrada como accediendo a una caballeriza. El acceso al estudio de Masquespacio es, a las primeras de cambio, una onomatopeya de color. Provoca un desajuste espaciotemporal. El diseño de sus oficinas fue su primer trabajo para ellos mismos, y lo elaboraron a imagen y semejanza de un gabinete de las maravillas en el que hasta las tazas de café, los bolígrafos, tienen una misión estilística.

Me impactan sus revisteros, su sala de estar mitad sala de espera y mitad sala de desayuno en la que parece a punto de llegar un señor con un monóculo a lomos de una cebra para debatir sobre la viabilidad de los coches voladores. Ana Milena me adelanta una conclusión: “nos hemo dado cuenta que estamos programados para trabajar en una mesa, por eso la sala de espera no nos funciona”. En esta salita con un sofá tal que unos labios carnosos, unos muebles como planetitas orbitando y hojas frondosas asomando, los Masquespacio ofrecían desayunos copiosos y adaptados al cliente (elegían la comida y la música en función del prójimo), le entregaban una carpeta a modo de recopilación del proyecto. “Ahora ya no lo hacemos, nos toca reunirnos por Skype…”. Las intenciones iniciales quedaron rebasadas por una cartera de clientes más allá de la ciudad. Su trabajo más reciente ha sido para el restaurante Piada de Lyon.

Foto: EVA MÁÑEZ

En su salón central los azules de Klimt y el naranja de un albaricoque prometen embadurnar hasta el alma. Hay dos cubículos al fondo que teletransportan a una película setentera en el apogeo del oficinismo pop. Son los despachos de trabajo de Milena y Penasse: “en la oficina moderna están completamente obsoletos los cubículos, pero a nosotros que estamos todo el tiempo codo con codo nos permite tener independencia. En estos cubículos podemos dejar volar nuestra creatividad, aislados de todo el mundo”. A las espaldas del de Ana Milena hay un ordenador supersónico para gamers, aunque ella lo emplea para los renders. No es estético, pero es una máquina infalible. 

Foto: EVA MÁÑEZ

Mientras descorren cortinas enigmáticas -esconden lugares donde guardan muestras que les envían cada día desde cualquier ciudad- desgranan al vuelo una idea que habla de la velocidad y el espacio. De cómo las oficinas quedan fuera de lo planeado bien rápido porque las marcas jóvenes operan bajo una imprevisibilidad frenética. “En un principio éramos sólo dos y sólo teníamos una mesa y un par de sillas en una oficina de 120 m2”. La obligación de crecer con una base de clientes en países distintos les sitúa en el reto de flexibilizar su cuartel general sin renunciar a un centro neurálgico: “y es València porque aquí nos han permitido desarrollarnos, porque aquí hay una gran herencia y tradición de muebles… y porque es una gran ciudad para vivir”.

Como ideadores de espacios, les pido consejos prácticos para que un equipo de trabajo se desarrolle en condiciones idóneas. Aquí su lección rápida.

Foto: EVA MÁÑEZ

Lo que SÍ

“Un lugar de trabajo debe de entrada representar a la empresa y su identidad

“Debe mezclar los aspectos funcionales con los emocionales, que son los que estimularán la creatividad y harán que el equipo esté a gusto en su espacio de trabajo. Hay un porcentaje demasiado alto que no piensa en la estética en sí, sino únicamente en la función. No se dan cuenta que la estética es un estímulo para la productividad. Pasamos mucho tiempo de nuestra vida trabajando y si lo podemos hacer en un entorno en el que nos sintamos confortables y orgullosos funcionaríamos mucho mejor como trabajadores”.

“En las oficinas de tamaño superior es muy importante crear diferentes espacios de trabajo flexibles que el equipo pueda utilizar según sus necesidades. Cambiar de lugar de trabajo mejora la creatividad”.

Lo que NO 

“Un par de sillas y una mesa con un ordenador viejo tipo acuario, desgastado con ningún recurso atractivo y una luz que hace que casi sea necesario utilizar gafas de sol. Estos espacios crean empresas sin innovación, sin creatividad y con trabajadores que posiblemente si vean la oportunidad salgan de tu empresa lo más rápido posible”.

Para cuando hagan evolucionar sus oficinas tiene una doble ilusión: la luz (“poder controlar la intensidad de la luz permite generar momentos distintos en un mismo espacio, quizá más cálido cuando no se está trabajando”)y, claro, la importancia de una barra de cocina (“nos encantaría poner una en mitad de la sala de reuniones, seguro que si tienes a alguien que va a firmar un contrato acaba siendo más generoso si lo hace en una barra”).

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