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De cómo la CIA y el FBI allanaron la tragedia del 11-S

Amazon Premium estrena la adaptación televisiva del Premio Pulitzer de ensayo 2009, The Looming Tower

9/03/2018 - 

VALÈNCIA. Entre las nefastas consecuencias del 11-S en la sociedad de nuestros días, una de las más enquistadas es la islamofobia. El contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington el 11 de septiembre de 2009 alentó la sospecha, los prejuicios y el odio ciego hacia los practicantes de este credo. De ahí que cuando al showrunner de la ficción televisiva The Looming Tower, Dan Futterman, se le pide durante la Berlinale justificar la relevancia de relatar ahora aquel episodio histórico, haga hincapié en uno de sus protagonistas, el agente del FBI Ali Soufan. “Es un libanés que llegó a EE.UU. siendo adolescente y se nacionalizó. Sirvió para el buró durante siete u ocho años, a menudo en peligro, casi siempre como infiltrado. Es un héroe genuino que la gente de mi país necesita ver. Hay un desafortunado sentimiento negativo hacia los árabes, y reparar en un musulmán en el meollo de esta investigación, tratando de corregir la versión del Islam que manejan los terroristas de Al Qaeda, me parecía importante”.

El actor que interpreta a Soufan es Tahar Rahim, conocido del público cinéfilo por el Gran Premio del Jurado en Cannes 2009, Un profeta (Jacques Audiard), por la que ganó dos César, a actor y a actor revelación, y el reconocimiento en los Premios del Cine Europeo. 

A pesar de una carrera rica y diversa, bajo las órdenes de directores tan respetados como Joachim Lafosse, Asghar Farhadi y Fatih Akin, el artista francés de origen argelino acumula muchas negativas a papeles de terrorista en Hollywood. “Trabajar en EE.UU era un objetivo, pero no a cualquier precio”, advierte Rahim, a quien la oportunidad de resarcirse le ha llegado con esta serie de 10 capítulos que el 9 de marzo estrena Amazon Premium en nuestro país.

Trío de ases

The Looming Tower es el producto del trabajo conjunto de tres productores ejecutivos con pedigrí: Dan Futterman, Lawrence Right y Alex Gibney. Futterman es el guionista de Truman Capote (Bennett Miller, 2005), de siete episodios de la serie In Treatment y de Foxcatcher (Bennett Miller, 2014). La serie adapta el ensayo de Lawrence Wright The Looming Tower: Al-Qaeda and the Road to 9/11, Premio Pulitzer 2009. Y Alex Gibney acumula un buen puñado de premios por sus documentales, incluido el Oscar 2008 por Taxi to the Dark Side.

El trío de ases ha unido fuerzas para detallar cómo la rivalidad entre el FBI y la CIA asfaltó el camino para la tragedia.

“En gran medida fue fruto de una animosidad personal entre los responsables de terrorismo islámico en ambos organismos, pero también un problema estructural. Ambos servicios tenían misiones diferentes e incompatibles. La agencia realizaba el seguimiento de sospechosos y les dejaba hacer para cazar a peces gordos, mientras que el buró tenía como objetivo arrestar cuanto antes, llevar a los criminales ante la justicia. Así mismo, el FBI estaba empezando a operar en el extranjero en los años noventa, y la CIA sintió que estaban pisando su terreno. La conjunción condujo a este fracaso”, argumenta Futterman.

La sombra de las torres

La lucha de egos en la serie televisiva adopta los rostros de Jeff Daniels en el papel del agente del FBI John O’Neill, y Peter Sarsgaard en el rol del analista de la CIA Martin Schmidt, una amalgama de varios personajes reales de la agencia.

O’Neill sí existió y paradójicamente, después de ser expulsado del FBI, ocupó el puesto de responsable de seguridad del World Trade Center. Murió en el derrumbe de la torre sur.

Las precisas y contadas apariciones en pantalla de las Torres Gemelas encogen invariablemente el estómago del espectador. Y a ello ayuda el uso medido de este símbolo desaparecido del skyline neoyorquino.

“Tratamos de ser parcos en el uso de esa imaginería, porque tiene mucho poder y puedes sobrepasarte en su utilización. Pero, sobre todo, por respeto a la gente que perdió allí a su seres queridos. Su visión puede traerles mucha pena y potencialmente ser motivo de ofensa. No queríamos emplearlas como un motivo fácil para desencadenar emociones”, ahonda Futterman.

Su silueta es como la aparición de un fantasma recurrente que recuerda a la audiencia la maldición que amenaza a los protagonistas, que condujo a las guerras en Afganistán e Irak y al mundo convulso, paranoico y funesto de nuestros días.

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