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Patricia Sornosa: "Mi pretensión no es hacer comedia feminista, sino buena comedia"

29/07/2018 - 

VALÈNCIA. "Venimos a verte". "Anda, pues qué bien". La respuesta simpática y cordial de Patricia Sornosa (Manises, 1977) contrasta fuertemente con su aspecto: cabeza rapada, labios rojos, y mirada desafiante. La amable contestación se la lanza a dos espectadoras que vienen a ver su monólogo en La Casa Para Pasárselo Pipa, un entrañable espacio situado al lado de la plaza Patraix donde quedamos con ella hace unos días antes de que comenzara su espectáculo. Todavía falta un rato para que comience, pero no quieren perdérselo.

Tras las presentaciones, los saludos, las preguntas, salimos al exterior para continuar la ronda de fotos. "Me voy a descalzar", anuncia entonces Sornosa. Caminamos pisando el grisáceo suelo de la calle sin dejar de observar con sorpresa su seguridad. Es admirablemente contundente: desde sus palabras hasta sus gestos. No duda. Y resulta inevitable preguntarse de dónde procede su fortaleza, pues hacer reír no es precisamente una tarea sencilla.

La comedia es su vida. Sin ningún tipo de etiquetas o restricciones. A pesar de ello, en muchas ocasiones su forma de hacer humor se ha calificado de "feminista". Frente a este adjetivo, la cómica tiene una respuesta evidente: "Simplemente hago humor de lo que me preocupa". El machismo, el feminismo, la esclavitud doméstica o la prostitución forman parte sus inquietudes, pero sobrevolando todas las temáticas que caracterizan su trabajo se presenta una principal pretensión: hacer comedia de calidad.

Ha pisado las tablas del escenario de Comedy Central, una de las grandes mecas del humor en España, y su verano se presenta, por lo pronto, movidito: bolos en la playa ("diferentes espacios, mismo trabajo"), una semana en Andalucía y un documental con el prestigioso paleontólogo Eudald Carbonell son algunos de sus proyectos para los próximos meses. Suma y sigue. Sin pelos en la lengua, y con las cosas muy claras, Patricia Sornosa se sienta con nosotros dispuesta a contestar con la misma seguridad que desprenden sus pisadas. Que empiece el show.

Foto: KIKE TABERNER

-Todo se etiqueta y el humor no es para menos. ¿Qué es el humor "feminista"?
-No lo sé. Probablemente sea una mentira. Yo hago humor hablando de las cosas que a mí me preocupan o me llenan. Últimamente son otras, pero el feminismo siempre ha sido muy importante para mi vida y se nota en lo que hago. Sin embargo, no sé si existe tal cosa. Los temas con los que se hace humor no sé si son capaces de definirlo realmente.

-En tus monólogos hablas, por ejemplo, de machismo. ¿Crees que el humor que retrata este tipo de temas es para todos los públicos? 
-La buena comedia es para cualquiera que la sepa apreciar. Mi pretensión no es hacer comedia feminista, sino buena comedia. Luego entra el gusto personal, pero mi interés procede, sobre todo, de que sea de calidad. Eso lo puedes percibir seas cómo seas; solo hace falta tener el sentido del humor afinado. Hay gente que no lo tiene y no puede apreciar nada... solo dramas y cosas serias. Pues peor para ellos.

Cualquier ser humano sensible empatiza con lo que yo digo. No hace falta que sea mujer. Es cierto que las mujeres tenemos esa sensibilidad más despierta y, más concretamente, a estos temas en particular. Pero, si lo que dijera no tuviera ninguna gracia, creo que daría igual de lo que hablara. A veces tengo la sospecha de que muchas veces se hace hincapié en que hago "humor feminista" porque cuesta decir que lo que hago es buena comedia.

En los monólogos lo digo abiertamente: soy feminista, hablo de feminismo radical, del feminazismo, de la esclavitud doméstica, de la prostitución... Temas que, es cierto, suelen preocuparnos más a las personas que somos feministas. La explotación de la mujer es otro ejemplo de ello. Al final, está todo montado para que cuatro listos tengan mano de obra barata; y, si eres uno de esos listos, vas a oír lo que digo y no te va a sentar bien. Pero es que yo no quiero caerle bien a ese tipo de gente.

-Hablando de lo que a la gente le sienta bien o no escuchar, una vez tuviste que hacer un monólogo frente a un público del Opus Dei, ¿no?
-Es cierto. Fue una casualidad. Me contrataron para una jubilación de una persona, y dio la casualidad de que la mayoría del público era del Opus Dei. Yo no lo sabía: actué y, evidentemente, lo mío no gustó nada. Me sentí fatal porque eran todos compañeros del trabajo de este hombre.

Cuando acabé, el señor que me había contratado, que lo había hecho porque yo era amiga de su sobrina (él no tenía ni idea de la que se le venía encima), me dijo: "Ah, muy bien". Y yo: "Hombre, muy bien no, ni se han reído...". "Ah, es que la mitad son del Opus". "¿Y cómo me traes a mí aquí?". Pues pensó: una monologuista que conoce mi sobrina. No se imaginaba que iba a haber ese contraste tan brutal. La verdad es que fue duro para mí. El único que se rió fue mi hermano, que venía conmigo y se partió al vérmelo pasar tan mal.

-El escritor Arturo Pérez Reverte ha amenazado con abandonar la RAE si esta respaldara la utilización del lenguaje inclusivo en la Constitución. ¿Qué opinas tú al respecto?
-Lo primero que opino es que las amenazas me parecen ridículas. ¿Quieres hacer algo? Hazlo. Si te quieres ir; vete.

Y con el lenguaje... tengo pensamientos encontrados. Es cierto que mi tendencia es utilizar el masculino (que se supone que es neutro cuando hablo de "ellas" y "ellos"), y tengo que hacer un esfuerzo para cambiarlo porque no me surge de manera natural. Pero sí creo que es importante incorporarlo. El lenguaje es una representación de la realidad, y la realidad ya está evolucionando. Tenemos que buscar algo que nos incluya a las mujeres también.

Y, si no, se me ocurre que podemos hacer turnos. Llevamos unos cuantos siglos utilizando el masculino, así que podemos hacer una línea y decir: "A partir de ahora, vamos a usar siempre 'todas' en vez de 'todos'". Y que no se sienta nadie ofendido. Si veintiún siglos de una cosa, pues ahora veintiún siglos de la otra.

-Aun así, y a pesar del mediático movimiento feminista de este año, seguimos oyendo esa frase de "ni machismo, ni feminismo"... ¿Hay una respuesta ingeniosa frente a este tipo de comentarios?
-"Ni machismo, ni feminismo: croquetas". Yo siempre digo eso. Me hace mucha gracia responder así.

Creo que este tipo de comentarios siguen existiendo porque interesa. La gente que no quiere entender, no entiende. Y confunde. Hay personas a las que parece que le interese que el machismo siga... Y ni siquiera creo que se deba una cuestión de estupidez, sino de maldad. Directamente. Cualquiera que coja un diccionario sabe que la definición de feminismo no es la contraria a la de machismo ni muchísimo menos. Tener que estar contando estas cosas una y otra vez resulta agotador. Hay que espabilar. Es como si te tuviera que contar que debes ser buena persona. Creo que ya se presupone, ¿no?

-Confesaste en una ocasión que, al raparte la cabeza, todo empezó a cambiar ¿Qué tiene de particular esta elección estética?
-En el imaginario colectivo tiene repercusión. Piensa en qué mujeres se rapan la cabeza: guerreras, monjas budistas... incluso las prostitutas en el antiguo Egipto. Siempre son mujeres que están represaliadas (o que, directamente, tienen piojos).  Pero siempre están fuera de la norma. Y eso causa impacto. Cuando sales a un escenario así, la gente se da cuenta de que no es lo habitual y, por tanto, tienes que procurar que lo que digas luego vaya en consonancia con eso.

-El subirse a un escenario y pretender hacer reír supone, de alguna manera, "desnudarse", frente al público. ¿Qué implica realmente hacer esto?
-Implica una connotación bastante profunda si lo piensas bien. Yo cuando salgo a escena muestro lo que soy. Y si no te gusto, siento tu rechazo. Soy un ser humano. Y los seres humanos somos muy sociales. Uno de nuestros principales miedos es el aislamiento, que los demás no cuiden de nosotros. Por eso hay que caer bien, gustar... Me expongo y cruzo los dedos. A veces a la gente que tengo delante no le gusto nada. Y en otras ocasiones sí, y sé que es verdadero. Porque han visto lo que soy: no estoy fingiendo.

-¿Qué referentes tienes en el mundo de la comedia? 
-Muchos. Siempre cito a los mismos, pero son los que fueron un revulsivo para mí. George Carlin, por ejemplo, me marcó: verle haciendo comedia de temas tan duros y comprometidos y de esa manera, como si siempre estuviera enfadado... Comprobar que, para hacer reír, no hace falta mostrarse sumisa ni complaciente. Dave Chappelle también me gusta mucho.

De España, citaría a Ignatius Farray, Denny Horror, Iggy Rubin... Y mis compañeros de 'Chopped del caro', un grupo en el que organizamos micros abiertos de comedia en Valencia. De hecho, creo que son mis amigos porque tenemos las mismas inquietudes, sentido del humor y nos parecemos mucho: Simó Martí, Diego Varea, Patricia Espejo, Edu Santamaría, Arnau Soler... Y la gente que está viniendo nueva a probar texto.

A nivel de referentes femeninos... La primera Patricia Espejo. La admiro. Me gusta mucho lo que hace, y me parece una tía muy valiente y divertida. Luego, las típicas: Eva Hache, Esther Gimeno, Eva Cabezas, Valeria Ros, Susi Caramelo... Hay  una chica trans que hace comedia muy buena que se llama Elsa Ruiz. Su punto de partida es muy interesante y poco frecuente.

-Mencionabas a Chopped del caro, que hace poco tuvieron que retirar un cartel de humor negro que hacía referencias a los nazis y los campos de concentración...
-Fue una chorrada, algo ridículo. Yo no hubiera retirado el cartel. La broma era buena, y está claro que estos chicos no han asesinado a nadie. Esta actitud en la gente que se supone que es de izquierdas me parece estupidísima. Lo único sensato que puedes hacer si no te gusta un chiste es no reírte. El resto son tonterías. ¿Qué vas a prohibir? ¿Lo que a ti no te gusta? La comedia en España tradicionalmente ha sido machista, racista y homófoba. Y yo no me río porque a mí personalmente no me hacen gracia esos chistes, pero ya está.

Foto: KIKE TABERNER

-¿Entiendes que el humor debe ser, necesariamente, una crítica?
-No. El humor es. Sucede. No lo puedes comprender del todo. Es más grande que tú. Solo entiendes lo que es más pequeño y, por tanto, no puedes abarcarlo.

Yo sí tengo esos pensamientos o intención de tratar de generar un cambio, pero no tiene por qué hacerlo todo el mundo. Y me lo he estado negando a mí misma mucho tiempo: "Yo hago comedia y ya está". Pues no: a mí me gustaría que hubiera un cambio. Propiciarlo de alguna manera. Para que suceda algo, tienes que notarlo en muchos sitios. En los monólogos también: Ese es mi huequito. Nadie te puede hacer cambiar, pero cuando a tu alrededor ves la misma idea repetida en muchos sitios y todo tiene sentido y lógica, acaba calando. Y por los bares, estoy yo [ríe].

El otro día estaba en Agullent y se fueron dos señores súper enfadados. Luego, hablándolo con mi hermano, le decía: "La verdad es que tiene que ser una mierda que tú estés del feminismo hasta los huevos, te vayas a tomarte una cervecita al bar, 'venga, vamos a reírnos, que hoy hay monólogo'...  y te toque yo". Tiene que ser un poco para enfadarse.

-Anunciabas hace poco en redes que has participado en un documental de divulgación científica con Eudald Carbonell, codirector del yacimiento de Atapuerca y Premio Príncipe de Asturias de la Investigación en 1997. Casi nada. ¿Cómo ha sido esto? 
-Esto ha sido una casualidad. Estaba en mi casa tan tranquilamente, y me envió un correo el director del documental [Alfonso Par] para proponerme esto tan loco. Era tan descabellado que tuve que decirle que sí. Aparte, pude percibir su entusiasmo: mi trabajo lo podría haber hecho cualquiera, pero prefería que lo hiciera yo. Me escribió, le contesté con mi número, acabé de enviarle el correo y me llamó. Y así fue. Respecto a Eudald, lo menos importante de él es su currículo; tiene una profundidad, es tan sabio... Es alimento estar con él hablando. Una maravilla.

El hilo del documental es mostrar todo el trabajo que se está haciendo ciencia alrededor de la des-extinción de las especies. Cada vez se avanza más en poder traerlas de vuelta a la vida (como un parque jurásico, pero un poco más modesto). Se está intentando ya con mamuts, por ejemplo. Lo cierto es que he aprendido y estoy aprendiendo muchísimo con este proyecto.

El tema de incorporarme a mí era por darle un tono menos academicista, que es de lo que pecan algunos documentales. De hecho, tienen todos guion menos yo. Las movidas que nos encontramos no las sé nunca. Vimos un elefante de Yakuts, en Siberia, de 40.000 años de antigüedad (que en la glaciación se conserva súper bien...) y lo sabía todo el mundo menos yo.  Cuando lo vi, fue una sorpresa. Y así con todo. Hemos estado en València, Burgos... Luego iremos a Kenia. La emisión todavía no se sabe, pero para mí ver el tráiler fue muy emocionante. No me podía ni imaginar que iba a estar tratado todo con tanto cuidado. Los profesionales que están al mando son maravillosos.

Foto: KIKE TABERNER

-Madrid y Barcelona son los grandes territorios escénicos por excelencia. ¿Cómo valoras la ciudad de València en estos términos?
-En cuanto a comedia, maravillosa. El Circuito Café Teatro en València ha hecho una tarea que no valoramos como se merece. Este circuito lleva ya unos 14 años dando una estructura estable para los cómicos y no solo para comedia, sino también para ver las cosas que vienen de fuera. Cada semana hay locales donde es un placer actuar porque saben de qué va esta esto y cómo captar la atención de la gente. Para los cómicos tener locales donde hacer y ver comedia lo es todo. Creo que por eso en València hay tan buenos profesionales de esta disciplina; gracias, entre otras cosas, al Circuito Café Teatro.

-Has actuado también en Comedy Central, que se considera la meca para las personas que se dedican a la comedia. ¿Consideras que eso es el éxito... o lo es más el conectar con la gente independientemente del lugar?
-Para mí es muy importante conectar con la gente. Hay hitos importantes, como este, porque se les supone una importancia, o porque ahí no está todo el mundo. Y, por supuesto, supone nervios extra. Siempre me pongo nerviosa cuando hago algo nuevo. Ahora acabo de grabar un monólogo para À Punt en valenciano, y como no lo hablo de normal, ha supuesto para mí nervios extra a tope. En septiembre se podrá ver en el programa Comediants de Maria Juan, y saldrán muchos cómicos de aquí de València.

Por otro lado, el tema éxito. Realmente, ¿qué es? ¿Qué baremos utilizamos? ¿El externo, o lo que tú consideras? Yo, más que éxito, diría que estoy satisfecha con mi carrera. Con los lugares a los que me ha llevado, con las personas que he conocido, con el dinero que me da, con la posibilidad de expresarme y de conectar con los demás... Eso me hace sentir muy satisfecha, me realizo en la tarea que hago. Aprendo de mí y de los demás. Y eso me parece un éxito.

Foto: KIKE TABERNER

Las claves que pueda dar son las que ha funcionado para mí, pero quizá no sirven para otra persona. En mi caso, yo siempre he buscado dentro de mí. Nunca fuera. O, bueno, para nutrirte sí, pero nunca he ido intentando llamar a locales o conocer a no sé quién que me ha podido ayudar... Nunca he intentando sacar nada más de lo que llevara dentro. No está en mi naturaleza. Y eso me ha hecho llegar lejos. Ofrezco algo único, que es lo que soy yo. Cuando intentas de alguna manera agradar a los demás, o hacer un texto que se pueda ver en televisión... Puedes ganar mucho más, pero te pierdes esta parte. Cada uno tiene su camino. Habrá gente para la que salir en el Club de la Comedia será lo máximo, pero yo no tengo metas. Me van llegando las cosas y, si puedo, las abrazo porque suelen ser maravillosas.


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