PÉRDIDA DE LA BIODIVERSIDAD

Donde antes había cincuenta variedades, habrá dos

Semillas con licencia de uso, calor cuando toca que haga frío o frío muy frío de forma inesperada. Y en medio de todo esto, supuestos planes de fomento de la alimentación saludable

| 27/01/2023 | 7 min, 13 seg

¿En qué se pone el interés? Esta es la primera pregunta que me surge al pensar sobre la pérdida de la biodiversidad en España, situación motivada en gran parte porque hasta hace dos semanas, no hacía frío y productos como la trufa de Andilla no se desarrollaban según el histórico del producto. La falta de regularidad en las heladas está dificultando que este año la cosecha en temporada sea la habitual", explicaba una de las truficultoras más veteranas de la población de la Serranía en esta nota que informaba sobre el aplazamiento del V Concurso de Trufa de Andilla.

La trufa no es el único producto afectado: garrofó, cerezas de la montaña de Alicante o las setas por la falta de lluvia. El sector vinícola ha detectado cambios en el proceso de maduración de la uva. Al cambiar su nivel óptimo en azúcares, se complica determinar su punto de maduración, afectando a la cosecha y con ello, a la producción de vino.

La cuestión que encabeza este artículo nace del bote de yogur vacío que tengo enfrente. Una de las esquinas inferiores está ocupada por el pictograma que representa el semáforo nutricional, el nutriscore, el sistema de etiquetado de alimentos que se supone que permite a los consumidores valorar fácilmente y rápidamente su calidad nutricional, simplificando la interpretación del etiquetado nutricional situado al dorso del paquete. Como toda medida intervenida por el Gobierno, la industria y los consumidores, el nutriscore no está exento de polémica. De aquí nace mi inquietud: ¿qué porcentaje del presupuesto, esfuerzos en comunicación y concienciación y atención mediática se llevan medidas como esta, en detrimento de estrategias globales para proteger la alimentación más básica y menos intervenida, la procedente de la agricultura de proximidad?

Hace unos días, Bárbara Blasco publicaba en una columna de El Mundo que «Hoy todo es marketing. Los políticos ya no tienen tiempo de hacer política, demasiado ocupados en escenificar sus medidas. Los músicos ya no tienen tiempo de hacer música, ocupados en transmitir un rollito, una imagen, una venganza. Los escritores ya no tienen tiempo de hacer literatura, ocupados en diseminar un discurso entre sus páginas. Y cuánto pesa levantar un premio-operación de marketing de una editorial. Hace ya tiempo que los bancos han dejado de atender a sus clientes, ocupados en transmitirles la idea de banco que quieren ser. Estamos borrachos de branding. Todo se nos ha esloganizado, bannerizado, oversharingzado». Ese delirium tremens de branding alcanza la agricultura. Las mismas manos que teclean estas palabras, han invertido horas y vacíos existenciales escribiendo para marcas de cítricos, de tomates, de chufas. “Variedad rentable” era casi una locución. La rentabilidad por encima de la sostenibilidad —que no la sostenibilidad como constructo del marketing. El uso del término para el greenwashing es obligatorio—. Los monocultivos como desiertos de invernaderos quieren apoderarse del término alimentación saludable, pero lo cierto es que constriñen nuestra alimentación a estrategias productivas. Son tormentas de arena que ahogan la biodiversidad.

«Con el aceite es un drama. Hizo calor antes de tiempo y florecieron, luego llovió y como no estaban polinizadas las flores cayeron, y luego vino una helada. Ha sido una temporada sin aceituna. Precios muy altos en el aceite, cooperativas que no han tenido casi producto. Todos estos problemas supongo que harán que vayamos a buscar variedades megarresistentes. Donde antes había cincuenta, entonces habrá una, porque no tiene sentido jugársela. Puedes hacerlo por nostalgia», cuenta Sergio Mendoza, conocedor de los productos regionales. «El tema de la biodiversidad va a venir más de buscar variedades que sí que se adapten, y seguramente vengan con copyright».

En octubre de 2018, la Generalitat Valenciana publicaba una estrategia de cambio y energía con el 2030 como horizonte. La fecha se acerca. «El Cambio Climático es uno de los principales retos a los que se enfrenta actualmente la sociedad. Tal como refleja el quinto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el calentamiento del sistema climático es inequívoco, y con una clara influencia humana. La emisión continua de gases de efecto invernadero (GEI) causará un mayor calentamiento y cambios duraderos en todos los componentes del sistema climático, lo que hará que aumente la probabilidad de impactos graves para personas y ecosistemas. Las armas con las que nos podemos enfrentar al cambio climático son conjuntamente la mitigación de las emisiones y la adaptación a sus efectos, pero para que estas sean efectivas se necesitan políticas transversales y cooperación a todas las escalas», comienza el texto oficial. La Comunitat Valenciana se encuentra en una ubicación geográfica sensible, «sobre todo por lo que respecta a la disminución de los recursos hídricos, sequías prolongadas, regresión de la costa, pérdidas de biodiversidad, ecosistemas naturales y al incremento de los procesos de erosión del suelo».

Hèctor Molina, una de las voces más enérgicas y disidentes dentro del agro, considera que «Per a identificar la pèrdua de diversitat agrària al País Valencià ens hem de centrar en diversos punts i, si ens fixem amb el que ens diu National Geographic, estem dins de la sisena extinció massiva d'espècies (botàniques i animals) i la primera a causa de l'ésser humà. Pel que respecta a la diversitat agrícola, torna a ser la espècie humana la què, des de l'any 1900 al 2000, segons la FAO, hem perdut pràcticament el 75 % del patrimoni agrari vegetal del planeta Terra. Les nostres llavors, les que any rere any, segle rere segle van conrear els nostres avantpassats. I, si mirem el que ens toca de ben aprop, el percentatge pot ser prou més elevat».

«Hui, els nostres vegetals han deixat de tindre 'cognoms'. Meló roget, meló tendral, meló gàl·lia, el biga, marina, casava... així ens podríem passar el dia sencer posant el cognom a les desenes i desenes de varietats pràcticament extintes del "cucumis melo". I sumaríem els tomàquets, les carabassetes, els enciams i totes les varietats que durant segles hem conreat. Per què és important conrear varietats autòctones o varietats que durant el pas dels segles s'han adaptat a les nostres terres? Molt senzill... perquè una llavor, es reprodueix en perfectes condicions allà on es va conrear
i, les nostres, les que treballaven els nostres iaios, hagueren patit el canvi climàtic? Sí, però menys».

«Hui, quasi el cent per cent de varietats (d'aliments que portem a la nostra boca) són llavors que han eixit d'un laboratori i sí, es guanya amb productivitat (perquè al cap i a la fi és la única cosa que li importa al gran comerç) però perdem amb adaptació al medi i això
comporta l'ús indiscriminat de pesticidies i fitosanitaris, entre altres coses negatives per a l'entorn, per a que les plantes puguen oferir-nos els seus fruits. En definitiva, tenim un futur extremadament negre i complicat. Bàsicament perquè aquesta manca de valors, es perden i
són molt difícil de recuperar i haurien de passar dècades i dècades de treball educacional(cultural, gastronòmic i identitari). Fa poc, no més de deu anys, menjar bé i sa era moltdifícil. Hui, gairebé impossible.

«Hui, quasi el cent per cent de varietats (d'aliments que portem a la nostra boca) són llavors que han eixit d'un laboratori i sí, es guanya amb productivitat (perquè al cap i a la fi és la única cosa que li importa al gran comerç) però perdem amb adaptació al medi i això
comporta l'ús indiscriminat de pesticidies i fitosanitaris, entre altres coses negatives per a l'entorn, per a que les plantes puguen oferir-nos els seus fruits. En definitiva, tenim un futur extremadament negre i complicat. Bàsicament perquè aquesta manca de valors, es perden i
són molt difícil de recuperar i haurien de passar dècades i dècades de treball educacional (cultural, gastronòmic i identitari). Fa poc, no més de deu anys, menjar bé i sa era molt difícil. Hui, gairebé impossible.


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