NOS LLEVAN MILENIOS DE VENTAJA

La mariscada más democrática, la de los neardentales

Parece un alimento de mesas refinadas, pero hace unos hace unos 40.000 años ya necesitaban toallitas húmedas con aroma a limón

| 17/02/2023 | 3 min, 56 seg

Todo este bogavante ya se comía antes. Como la ciencia es ciencia porque contínuamente se está revisando (o debe revisarse), una pléyade de estudios y estimaciones indican que nuestro continente y parte del de al lado fue el hogar de unos 70.000 Homo neanderthalensis. A lo largo de 20.000, estos homínidos recorriendo su extensión como el grupo de amigos que un viernes recorre Ruzafa buscando dónde cenar. 

No reservar es nomadismo.  

A los neandertales se les juzga bajo la óptica de las sociedades cazadoras - recolectoras, autárquicas e independientes, pero una serie de hallazgos, como el de los restos de marisco encontrados en la Costa del Sol, en una cueva cerca de Torremolinos, determinan que hace 150.000 años hubo un festín. En la cueva del Bajondillo hallaron herramientas de piedra —la versión primitiva de un cuchillo de ostras, supongo— y restos de conchas carbonizados, sobre todo de mejillones. El radiocarbono, la prueba del carbono 14, no miente: la datación de los restos del banquete indica el hedonismo que ya practicaban. 

Las primeras muestras de humanos consumidores de marisco se encuentran en Pinnacle Point, Sudáfrica. Miguel Cortés Sánchez, investigador de la Universidad de Sevilla, dirigió un estudio que fecha hace 164.000 la ingesta de bichitos del mar. Más allá de la anécdota gastronómica, de este descubrimiento se infiere que los neandertales, tan denostados, cooperaban y se organizaban para obtener alimentos y que conocían las propiedades que el cocinado otorgaba a los alimentos. De hecho, otros restos, ubicados en un complejo de cuevas en el norte de Iraq, sirven para especular que los neandertales podrían haber sido aficionados a la cocina. Chris Hunt, profesor de paleoecología cultural en la Universitat John Moores de Liverpool, coordinó una excavación en la que encontraron muestras de lo que podría haber sido una especie de pan tipo crepe, además de evidencias de combinación de sabores y uso de semillas para aromatizar.  

Estos ejemplos se traducen en la existencia de una cocina real con cierta complejidad, que hace que nos cuestionemos cómo de torpes eran los neandertales y cómo de avanzados los sapiens. Los seguidores de la dieta paleo y los intolerantes al gluten aplaudirán una de las ideas más jugosas de Sapiens, el éxito de ventas de Yuval Noah Harari: el salto al cultivo de los cereales, que nos domesticó. 

 ¿Por qué, según Harari, el trigo nos domesticó a nosotros y no nosotros a él? El autor israeliano asegura que «La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia. ¿Quién fue el responsable? Ni reyes, ni sacerdotes, ni mercaderes. Los culpables fueron un puñado de especies de plantas, entre las que se cuentan el trigo, el arroz y las patatas. Fueron ellas las que domesticaron al Homo sapiens, y no al revés». Para Harari los sapiens no estaban preparados para el gran salto evolutivo. «Una dieta basada en los cereales es pobre en minerales y vitaminas, difícil de digerir y muy mala para los dientes y las encías». De ahí la transformación de la dentadura humana, mucho menos poderosa que la de los animales, y menos pronunciada que la de los neandertales. 

«El cuerpo del hombre del Neolítico no estaba preparado para realizar las tareas de caza y recolección. Estaba adaptado a trepar a manzanos y a correr tras las gacelas, no a despejar los campos de rocas y cargar barreños de agua. La columna, las rodillas, el cuello y el arco de los pies pagaron el precio. Los estudios de esqueletos antiguos revelan que la transición a la agricultura implicó graves dolencias: discos vertebrales luxados, artritis y hernias». Encima las gachas son más insulsas que los percebes. 

Determinar el grado de alta cocina practicada por los neandertales es elucubrar —nadie puede saber qué sucedía en las mentes de unos seres que se extinguieron hace tantísimo tiempo—, pero con estos descubrimientos sí que podemos, y debemos, extraer esa pretensión de desarrollo que tenemos como especie. O no. Igual mejor reflexionar sobre el encarecimiento de una materia prima por la especulación, cómo de esquilmados están los mares —y la consecuencia que tiene para la producción— y que comer ciertas cosas ha sido y sigue siendo, un signo de estatus. La mariscada del pasado era más democrática. 

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